Published on July 28, 2009 in: La Opinión

PRISIONEROS DE SU IGNORANCIA Y COSTUMBRES

Más de 20 mil indígenas, cuya mayoría no habla ni español ni inglés, purgan condenas en cárceles de EEUU, y se pierden en un sistema que muchos desconocen y que no entienden

por Claudia Núñez

NOTA DEL EDITOR:

Esta es la primera de tres partes de una investigación realizada por La Opinión, en la que durante tres meses se recabaron testimonios, expedientes judiciales, entrevistas a ministerios públicos, intérpretes, abogados y documentos en ambos lados de la frontera que atestiguan la pesadilla de los indígenas mexicanos tras las rejas.

METLATONOC, México.— Tal vez una advertencia habría sido suficiente. De haber sido así, Juan García no estaría llorando frente a la tumba de un hijo, suplicando por la libertad de otro, Omar su segundo varón, ahora encarcelado en Estados Unidos.

¿Cuál dolor es más grande?, es una pregunta imposible de responder, pero es obvio que al hablar de Omar, en el rostro del anciano se refleja el coraje, la frustración.

El hijo preso sólo tiene 18 años y, fue sentenciado a 12 años tras las rejas en el Woodford County Detention Center de Kentucky por cargos de violación sexual. Juan, su padre, no lo comprende. Su cultura indígena no lo ve así, porque sus leyes son diferentes.

Sentado en el cementerio de este pequeño pueblo del estado de Guerrero, se pregunta: ¿qué hay de malo en que su hijo tuviera relaciones sexuales con una niña de 12 años?

Indígena mixteco, uno de los 64 grupos nativos de México que ocupan los estados de Guerrero y Oaxaca, en su cultura el matrimonio se pacta en la niñez y los hijos llegan cuando aún no se han cumplido los 15 años.

Con las tragedias de sus hijos, Juan aprendió que en los pueblos del norte, su cultura puede ser vista como delictiva, pero nadie se lo advirtió.

Como Omar, cientos de indígenas mexicanos están cayendo en las redes del sistema carcelario estadounidense. Criminales o presos de sus usos y costumbres, los rostros de indígenas encarcelados es como un cáncer que se propaga con rapidez.

Un reporte de la Cámara de Diputados de México con fecha del 8 de junio de este año revela que actualmente más de 20 mil indígenas purgan condenas en Estados Unidos. El informe, indica además, que 10 de cada cien mexicanos prisioneros es un indígena.

En México habita la mayor población indígena de toda América Latina con poco más de 10 millones de personas concentradas en el centro y sur del país que habla más de 60 lenguas diferentes divididas en más de 300 variantes.

Una realidad que la inmigración ha hecho extensiva desde Nueva York hasta California, en donde la pobreza, la ignorancia y la barrera del idioma, se suman a su desesperación.

"A todos nos tomó por sorpresa. En menos de dos años los casos comenzaron a llegar de manera muy consecutiva. Durante el 2007 tuvimos seis casos registrados, para el primer trimestre del 2008 documentamos 25 nuevos expedientes... Más y más compañeros están perdidos en el sistema judicial de Estados Unidos y lo preocupante es que antes eran delitos relacionados con la migración y ahora son situaciones consideradas serias. La gran mayoría enfrenta cargos de violación sexual, asesinato, drogas", dice Margarita Nemecio Nemesio, coordinadora del área de migrantes del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan.

En la familia de Juan, la cárcel arrastró otra tragedia. En julio del año pasado un ataúd color café con el cuerpo de su hijo Javier arribó a la humilde casa del anciano.

Impotente frente a un sistema penitenciario que no comprendía, sin dinero y apenas con el conocimiento básico del español, ya no se diga del inglés, Javier no soportó el dolor de ver a su hermano Omar sufrir tras las rejas y decidió quitarse la vida.

Sus compañeros de cocina en un restaurante de la ciudad de Lexington, en el estado de Kentucky, donde Javier trabajaba, lo vieron llorar de desesperación. Nadie imaginó que después de despedirse de todos iría al río para quitarse la vida.

Sentado junto a la burda tumba de cemento donde hoy descansa Javier, en lo alto de un cerro que sirve como cementerio del pueblo Metlatonoc, Juan narró su historia a La Opinión.

"Todavía tengo mi único hijo vivo allá [Kentucky] está esperando su hermano salga de cárcel. Sufre mucho. Ya se quedó allá solito", platica el anciano en un enorme esfuerzo por hablar español. Su lengua es el mije, la misma que por siglos ha hablado su pueblo mixteco. La única que conocen sus tres hijos, entre ellos Omar ahora tras las rejas.

Juan se desespera y prefiere recurrir a un intérprete, es tanto lo que quiere decir...pero muchas veces no puede.

"Se fueron un domingo", traduce Paulino Reyes, intérprete de la organización de derechos humanos de Tlachinollan. A las palabras le sigue una larga pausa. El llanto cierra la garganta de Juan. Le duele recordar que la pobreza obligó a sus hijos a dejar el pueblo y que han pasado años y no los ha vuelto a ver.

Juan saca un pañuelo, se limpia los hilos de mocos que salen de su nariz y se unen a sus lágrimas. Respira y vuelve a empezar. "Yo siento que perdí a dos hijos. De uno aquí tengo el cuerpo, pero el otro allá encerrado tan lejos, es como si me lo hubieran enterrado vivo", lamenta.

El olor a azufre de los cerillos que Juan utilizó para prender una veladora en memoria de su hijo, invade el cementerio.

A lo lejos se observa por completo el pueblo de Metlatonoc, uno de los 19 municipios indígenas de la zona conocida como La Montaña de Guerrero y calificada por las Naciones Unidas como una de las regiones de mayor pobreza y rezago social de toda Latinoamérica.

Irónicamente, desde la tumba de Javier, La Montaña muestra su rostro más bello.

A la derecha del sepulcro, se ve la iglesia del pueblo. Construida con el dinero de las remesas que han enviado los inmigrantes, la belleza de su colorido contrasta con el perpetuo café de las casas de adobe y paja; el color de la pobreza en estos pueblos indígenas.

Frente a los restos de Javier, por las veredas del cementerio un grupo de niños corre descalzos. Las afiladas piedras ya no hacen mella en sus piecitos y la capa de tierra y mocos, que cubren sus caritas, se agrieta cuando sonríen.

Un baño bastaría, pero simplemente el agua, es un lujo que en este pueblo cuesta hasta tres horas de camino cargando tinacos en la espalda para llegar hasta la única llave de agua potable.

En La Montaña, cuya población indígena se estima en 529,780 miembros, provenientes de grupos tan diversos como Mixtecos, Nauas, Me’phaa o Amuzgos, todos hablantes de una lengua diferente al español, La Opinión documentó decenas de casos, de hijos, padres y esposos que se encuentran a más de 3,000 millas de distancia purgando condenas en las prisiones de Estados Unidos.

"Ayúdeme traer mijo. Que me lo juzguen acá. Mijo ya pagó mucho. Él es bueno", eran las súplicas que surgían de las comunidades en donde en algunos casos, ni 15 pies de distancia separaban una historia de la otra.

Para estos indígenas, el miedo de la frontera ya no es cruzar el río o el desierto. Ahora tiene nombre propio, Lowndes County Jail , en Alabama; Rikers Island, en Nueva York; Woodford County Detention Center, en Kentucky; Pleasant Valley State Prison, en California.

» Un reporte de la Cámara de Diputados de México señala que 10 de cada 100 mexicanos encarcelado en EEUU es indígena.

» En 2002, la emigración indígena hacia EEUU se estimaba en cerca de 60 mil personas

cada año; para 2006 esa cifra aumentó a más de 130 mil anualmente según el Colegio de la Frontera Norte, con sede en Tijuana.

» Metlatonoc es uno de los 19 municipios indígenas de la zona conocida como La Montaña de Guerrero y calificada por las Naciones Unidas como una de las regiones de mayor pobreza y rezago social de toda Latinoamérica.

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